Cuando una infidelidad salva la relación

La infidelidad es algo horrible, doloroso y muy, muy difícil de perdonar. Cuando una de las partes de la pareja es infiel, se rompe una de las cosas más importantes y preciadas en una relación: la confianza.

Si no la recuperas, perdonarla se hace muy difícil. Y sin perdón vienen los reproches, los castigos y un enorme desgaste que en muchos casos, hace que la relación se rompa.

Por este motivo acuden muchas parejas a terapia: intentan superar la infidelidad, recuperar la confianza en su pareja y en su relación, y seguir adelante. No hace falta ser un experto en Terapia de Parejas para saber lo complicado que esto resulta, pero os aseguro que no es imposible. Y para ello, una de las cosas más importantes es analizar el porqué de la infidelidad.

 

¿Por qué somos infieles?

La infidelidad siempre se produce por algún motivo. El clásico “estaba borracho/a” es la peor excusa de la historia, dejémonos de rollos.

Y este motivo con mucha frecuencia no es otra que el descuido de la relación. Dejas de encontrar en tu relación esas cosas que antes sí tuviste; cosas que echas en falta o incluso necesitas, y que si te las ofrecen en otro lugar, en un momento de debilidad, las aceptas.

Cuando hablo de carencias, de esas cosas que faltan en la relación, no me refiero solo al sexo (aunque suele ser un gran protagonista). Muchas infidelidades se dan por “volver a sentirse especial”, “volver a sentir ilusión”, “volver a sentirte querido”… en definitiva, porvolver a sentir.

 

¿Quién tiene la culpa de una infidelidad?

Solemos demonizar al infiel, pero parémonos a pensar un momento lo duro que tiene que ser que tu matrimonio, o relación, (a pesar de en algunos casos tener hijos maravillosos o una familia estupenda), no te llena, ni te hace feliz. Es una sensación horrible, muy frustrante y dolorosa.

Por eso, una de mis labores como Terapeuta de Parejas cuando trato una infidelidad, es hacer ver que la relación ya estaba mal, y aunque la infidelidad la cometiera una de las partes, la relación ya no funcionaba correctamente, y eso es siempre responsabilidad de los dos. Y para salvar esa relación, son también los dos los que han de poner toda la carne en el asador.

Con esto, lo último que quiero decir es que la persona a la que le han sido infiel, tenga la culpa. En absoluto. Lo que quiero decir es que si una relación es fuerte y das/recibes todo lo que necesita/necesitas, es mucho más difícil que entre una tercera persona en escena.

 

¿Tiene futuro una relación tras una infidelidad?

La respuesta es: si aún queda amor, sí se puede salvar. Pero requiere de mucho trabajo, mucha comunicación, y mucho esfuerzo para conseguirlo. Querer perdonar no significa “perdonar”. Sobre todo cuando la confianza está rota. Pero según mi experiencia como Terapeuta de Parejas, os digo que una infidelidad no tiene por qué ser el fin de una relación. Y en ocasiones, puedes hasta reforzar la pareja.

 

J. y L.: caso práctico de cómo una infidelidad salvó su relación.

Hace poco di el alta a una pareja que acudió a Terapia porque una de las partes había sido infiel. Vi como pasaban por diferentes fases: primero el dolor, el odio y el rencor. Después la aceptación. El análisis. La comunicación (mucha comunicación, que había faltado tanto antes). Esto dio paso a reconocer los fallos (¿por qué pasó la infidelidad?). Y una vez llegado a esto, y solo pasando por todas las fases anteriores, por fin entender la parte de responsabilidad de cada uno. Y solo así, consiguieron llegar al perdón.

En el caso de esta pareja, la infidelidad no había sido un capricho aleatorio, sino una consecuencia de que su relación estaba mal y no les hacía felices. Entendieron que se habían descuidado, que se habían acostumbrado a simplemente “estar juntos”, en vez de “disfrutar juntos”. Habían dejado de cuidarse, de mimarse, de demostrarse lo especial que eran el uno para el otro. Una de las partes fue más vulnerable que el otro, y en un momento de mucha debilidad, encontró fuera de su relación eso que tuvo una vez y que tanto echaba de menos.

Así que esta pareja, mis queridos L. y J., entendieron que la infidelidad (aunque cometida por una de las partes), era cosa de los dos. Decidieron perdonar y olvidar, y luchar por recuperarlo todo.

Se lo tomaron como una segunda oportunidad. Estaban mal, la infidelidad les hizo tocar fondo, pero como aún había amor (a veces muy escondido, pero había), decidieron pelear para volver a aquello que tuvieron.

En la última sesión, antes de darle el alta, J. me dijo: “la infidelidad es lo mejor que nos podía haber pasado como pareja”.

 

Conclusión

Con este post no quiero idealizar la infidelidad. No para todas las parejas la infidelidad se convierte en algo que las hace más fuertes. De hecho esto es muuuuy difícil de conseguir. El perdonar es muy complicado y son muchos los factores que influyen.

Por eso, recordemos que para no poner en peligro nuestra relación, hay que cuidar la relación lo mejor posible. Dedicarle tiempo a nuestra pareja, cuidarla, mimarla y valorarla. No la debemos dar nunca por sentada. En una relación sana y en los que sus miembros se dan y reciben lo que necesitan, es muy difícil que surjan grietas.

 


*PongamonosComodos y recordemos una vez más que las relaciones requieren de un trabajo constante. Se lleven juntos 20 años o 20 días. Porque solo cuando la cuidas, es capaz de crecer y ser fuerte ante las adversidades.

2 comentarios en “Cuando una infidelidad salva la relación

  • Está claro que no todas las parejas son iguales y que lo que para unos puede ser un desliz sin importancia, para otros es una rotura total y plena de la confianza en el otro sin posibilidad de volver a estar como antes de la infidelidad. Yo creo que siempre estamos a tiempo de recuperar a la otra persona, solamente que creo que no hay que tirar la toalla e irse con otro, sino que si la persona nos importa es importante comunicarse con el otro y no esperar a que los problemas se arreglen solos o con el tiempo, porque a menudo lo único que ocurre tras no hablar las cosas es convertir según qué temas en tabú y cuando se da uno cuenta ya es demasiado tarde.

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